Cuando abre la puerta de la UCI del hospital La Fe de Valencia, el médico intensivista Ricardo Gimeno se pregunta qué le deparará el día. Si llegará un paciente con cara de terror, esa cara que no había visto antes del coronavirus. Si tendrá que echar mano de su optimismo para hacerle observar a una joven enfermera derrumbada lo crucial que es su tarea. O si ocurrirá lo peor: incumplir esa promesa —”saldrás de esta”— que le hizo a un enfermo antes de intubarlo. A su izquierda, las 34 camas de la unidad. Un día en el ‘odiado’ Zendal, «el mejor hospital del covid»

