La Ministra que no amaba a los médicos

En el tema de la gestión sanitaria es habitual que la administración tire de antiguos representantes sindicales o dirigentes de plataformas, que dicen defender los derechos de los médicos, para terminar ocupando sus puestos directivos. Desconocemos si su afán es descabezar esas organizaciones, aplicando el refrán de “no hay peor cuña que la de la misma madera”, o lo hacen pensando que estos médicos, por el simple hecho de haber estado al otro lado, harán de encantadores de serpientes para con el resto de sus ya excompañeros

Por suerte, muchos aceptan el puesto de buena fe pensando que van a poder mejorar las cosas, pero por desgracia el sistema termina quemándolos muy rápido; cansados y decepcionados, dimiten. Luego están los que se mantienen por algunos años en el puesto, mostrando algo de empatía y buenas formas en el trato, aunque al final de su periplo gestor no han sido capaces de arreglar nada, llamemos a estos los «lobotomizados». Finalmente hay quién se sienta en el sillón y sufre una transmutación de personalidad, «los poseídos», se olvidan completamente de dónde han venido y se pasan al lado oscuro. Caiga quien caiga, en aras de la SANIDAD PÚBLICA y anteponiendo cualquier demanda, por caprichosa que sea, de los USUARIOS. Afirman ser adalides de la «nueva gestión» lo que les dota de un valor añadido para la administración. Estos son los verdaderamente peligrosos, aquellos del «ya tardaban en llamarme»… capaces de urdir los peores chanchullos. Su psicopatía es tal, que pasan de ser los más reivindicativos, líderes natos que arengaban a los compañeros a elevar quejas y plantarse ante las injusticias, a ser el látigo de la administración.

Estos estafadores son pura fachada, su empatía y vehemencia previas nunca fueron sinceras; cuando decían defender los derechos de los médicos, lo único que buscaban era protagonismo, notoriedad, utilizando a sus compañeros, sindicatos, plataformas e incluso partidos políticos, con el único objeto de su promoción personal. Este tipo de dirigentes acaban haciendo un daño enorme, por su cerrazón, intransigencia y sectarismo, a la SANIDAD PÚBLICA que dicen defender.

En la cúpula de la sanidad española tenemos al mejor ejemplo de estos últimos. Como Nerón desde su Ministerio, tocando la lira mientras Roma arde. No le importa arrasar con la SANIDAD PÚBLICA en aras de la SOCIOSANIDAD: el clienterismo electoral.

Querida ministra, los médicos no somos unos burgueses acomodados, ni unos peseteros, ni nos estamos forrando con nuestro trabajo. Somos unos trabajadores superespecializados que aguantamos el sistema sanitario sobre nuestras espaldas, con una gigantesca mochila de RESPONSABILIDAD a cuestas, la de todo el proceso asistencial, un peso que no tienen el resto de categorías. Trabajamos muy duro, haciendo jornadas prolongadas y mal pagadas, aunque sea casi imposible conciliar nuestra vida personal; con tal de que nuestros pacientes tengan la mejor atención posible hemos puesto en riesgo nuestra propia salud. Si de verdad Mónica García ama la profesión que una vez ejerció y a los compañeros que nos ponemos la bata todos los días, recibiría a TODAS las organizaciones sindicales profesionales; las escucharía proactivamente y actuaría en consecuencia. No seguiría tocando la lira desde cada atril que le prestan. Y si no es capaz de solucionar el problema que ella misma y sus asesores han creado, a veces es mejor una retirada a tiempo, la OMS ya la espera.

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